Desvaríos en la noche (cuento introspectivo)

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Con las manos arrugadas de tanto trabajar, la mente corroída de tanto no entender y mi corazón gastado por numerosas decepciones, he visto mi vida pasar, si de pasar es que al final se trata esto de andar viviendo. Noventa y cuatro años de experiencias y andares me acompañan y me aconsejan.

En este porche oscuro y frío, que tanto me recuerda a mi pueblo natal, sentado y cabizbajo, brotan mis pensamientos, cálidamente abrigados con la melancolía y la soledad. ¿Qué más puedo hacer que pensar? Si con sólo caminar unos pasos se me hace cuesta arriba la rutina.

Ya es pasada la media noche, y así como el oscuro manto que recubre el paisaje, así mismo veo desvanecer el más cercano de mis horizontes, haciéndolo incierto y casi inexistente. Ya esto lo he vivido, cómo no, cuántas veces no logré descifrar cuál era la senda que debía seguir ni en qué dirección agilizar mis pasos, si es que agilizar es la más sabia decisión en un momento de confusión y desasosiego… como este en el que me encuentro y en el que me he encontrado tantas veces.

Quizá todos pasamos por un momento de ciega incertidumbre, o quizá nadie en absoluto; quizá haga falta un tipo específico de sensibilidad o locura, o tal vez de cordura, no sé, lo confieso; o tal vez, sólo tal vez, sea este el preámbulo de un caminar descendente hacia los círculos más profundos del infierno, como lo hiciera Dante en su Divina Comedia, para poder ascender luego a los cielos, si es que existe un cielo, si es que no es en el infierno donde ahora me encuentro.

Lo sé, nada de esto parece tener un sentido, pero por más que me afano en conseguirlo, no es sentido lo que puedo ver inmerso en los enredos que la vida me ha planteado, o en los día a día de agotadas carencias. Y sin embargo, yo aquí sigo… existiendo.

¿Pero dónde es realmente “aquí”? ¿Acaso en esta enmarañada trama en la que me he descubierto “estar” es suficiente delimitar la existencia en un espacio físico encajado por algunas paredes frías que encierran mi diaria convivencia?

Será “aquí” una mera afirmación de presencia en este parapeto que llamamos cotidianidad. La misma afirmación que queremos acentuar con todas aquellas acciones que nos den una esperanza de permanencia en la memoria de nuestros conocidos, para no sentir que somos invisibles, insignificantes, efímeros.

Por otra parte, cuando digo “yo aquí” ¿A qué hace referencia ese “yo”? ¿Quién puede definir eso? Ofreciendo claro, una respuesta que de manera unísona sea de conformidad para todos, la exacta y verdadera. Realmente también cabe preguntarse quién le dedicaría atención a tratar de definirlo. Sin embargo en mi defensa, pienso que es este un momento de mi vida oportuno para siquiera cuestionármelo.

Entonces, Yo soy un ser humano, en el sentido más amplio y común para con los otros yo con los que convivo en este planeta, que a su vez flota aparentemente alineado por las leyes físicas con el resto de entes que conforman nuestro universo físico, gracias a lo cual tenemos gravedad y “pisamos tierra”. Aunque yendo al sentido abstracto de la expresión, “pisar tierra” no es precisamente la que mejor se amolda a mi común proceder, como seguramente ya habrán notado.

Yo ha sido siempre amable, de expresión afable, un poco temeroso pero querendón; Yo es de sexo masculino, porque está dotado biológicamente para preñar a una hembra, reproducirse y “asegurar la continuidad de la especie”, cabe destacar para tranquilidad de todos, que la especie ha estado asegurando su continuidad por todos los siglos que ha existido, quizá más de lo que aguanta este pequeño planeta.

Yo por mi parte he aportado seis hijos; dos hembras y cuatro machos, aunque de sus vidas poco conozca y poco participe. Aporté un matrimonio fallido y una viudez testaruda. Aporté risas y llantos y ahora aporto esta vejez quejumbrosa y senil.

Amores, desamores, encuentros y desencuentros, memorias olvidadas, historias ya pasadas, logros momentáneos, fracasos, orgullos y arrepentimientos. Terminé deambulando en un Yo que no me esperaba, pero es el Yo que soy, al fin y al cabo.

Aunque para ser sinceros, ningún cabo quedó resuelto, se me pasó el tiempo queriendo hacer y queriendo ser alguien que se parecía a lo que me imaginaba siendo, pero que nunca llegué a ser del todo. Pero ya todo eso es pasado, por lo menos logré ser este alguien, del que a veces me siento tan orgulloso, y otras tantas tan decepcionado.

Miren la hora, me llama la enfermera, ya es tiempo de mis pastillas seguramente. No  había notado la falta de mi tratamiento para evitar la demencia y caer nuevamente en el desvarío, tal vez por eso pienso con tanta claridad en este momento.

No quise hacerles perder el tiempo, si escuchar a un viejo loco es eso. Sigan con sus vidas, que yo seguiré con la mía, pero les pido algo, que aunque sus respuestas sean diferentes, nunca dejen de preguntarse quién es ese Yo del que hablan cuando se refieran a ustedes mismos, cuáles quieren que sean sus aportes y cuál es el Aquí en el que están viviendo, porque ya verán, aunque no quieran creerme, que de eso se trata al final y es el final, les aseguro, lo único con lo que realmente contamos en este pequeñísimo lapso de vida y de locura.

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