Corotos (micronovela – final)

corotos

VIII

El humo que salía desde el segundo piso alertó al vecindario entero, seguro era un incendio el causante, dedujeron. Cuando llegó el inquilino de aquel sitio, no pudo evitar imaginar a todos sus corotos quemados, incluso su viejo sofá y la tragedia que implicaría empezar de cero nuevamente, así como tuvo que hacerlo después de su divorcio.

Subió apresurado las escaleras, que estaban llenas de agua, “¿agua?”, pensó, no lo entendía, pues la puerta del apartamento aún no había sido abierta.
Al fin entró a su hogar, con el corazón en la boca, junto a algunos vecinos. El piso aún seguía húmedo, pero el humo ya se estaba disipando. Se sorprendió al ver la escena que había encontrado.

Lo que no podría nunca imaginar es que dos horas antes, un corto en la lámpara de techo nueva había causado un incendio en la alfombra de la sala, que comenzó a encender los bordes de las telas que cubrían al viejo sofá.
Ningún coroto se movía del susto. Cuando de pronto… “tick, tick, tick”, empezó a escucharse desde el baño. Era el pequeño grifo, que decidió no darse por vencido, goteando lo más que podía. La regadera entendió de inmediato la idea del pequeñín y comenzó a dejar salir agua con toda su fuerza.

El humo se había apoderado del lugar, pero el ventilador, impulsado por la osadía del joven grifo, intentó girar la situación y sopló todo el aire que su potencia permitía, la ventana se le unió y abrió sus compuertas de par en par, permitiendo que el humo saliera, lo que terminaría alertando a los vecinos.
En la cocina todos se activaron para ayudar; el grifo del lavaplatos también dejó salir toda el agua que pudo y la estufa activó la campana (4) que comenzó a aspirar el humo.
Todo este esfuerzo no parecía bastar, los pliegues de las telas que cubrían al viejo sofá, que llegaban hasta el piso, siguieron ardiendo.

El pequeño pero valiente grifo del baño, aunque sentía mucha presión, no se detuvo, abrió toda su fuerza de agua, y aun así siguió siguió intentando liberar más.
Las viejas tuberías del edificio temblaron y sonaron amenazantes. La regadera trató de advertirle que no siguiera con esa estrategia, pero fue muy tarde. Un segundo después el lavamanos reventó y la fuga salió con toda fuerza, lanzando al pequeño grifo por los aires.

Entonces pasó, tanto de la cocina como del baño el agua se desbordó y corrió hacía la pequeña sala, apagando el incendio que estaba por hacerse incontenible.
Así, fuera del apartamento, el agua comenzó a escapar por debajo de la puerta, fluyendo por el pasillo y bajando por las escaleras, hasta Planta Baja.
Al percatarse, los vecinos se dirigieron a toda prisa a cerrar la llave de paso principal del edificio, deteniendo la pequeña inundación. Luego llamaron al inquilino del apartamento, para que se apersonara de emergencia en el lugar.

IX

Fue de esta manera como el hombre encontró que la gran mayoría de sus cosas estaban intactas. Sin embargo, junto a algunos de los habitantes curiosos de los otros apartamentos, comenzó a revisar el lugar aún con algo de angustia.
La señora del apartamento de abajo descubrió de dónde provino el bote de agua, se había roto la tubería que surtía al lavamanos. El hombre se sintió culpable en silencio, pues no reparó la gotera del grifo cuando se percató que la tenía, justo antes de irse en la mañana.

Sin embargo, más adentro, en la salita-habitación, descubrió la alfombra chamuscada. El vecino de enfrente, que era electricista, dedujo que había sido quizás por un cortocircuito, y luego lo confirmó al encontrar el origen: la moderna lámpara recién comprada.

El inquilino reaccionó: “si no se hubiera producido el bote de agua, el apartamento posiblemente estaría en llamas”.
“Qué suertudo eres”, le decían los demás al despedirse. Pero él, al encontrar el grifo tirado en el suelo, supo que no fue suerte, que fueron ellas, las almas benditas que albergaban en aquel lugar, como su abuelita le había enseñado.

X

A la semana siguiente ya había vuelto a instalar el pequeño grifo y también una nueva lámpara, más común, con menos pretensiones, pero más eficiente. Pintó de nuevo el apartamento y cambió las frazadas que tapaban los remiendos del viejo sofá.
Luego de su ritual mañanero y su taza de café, volvió a ver su apartamento antes de salir. Justo antes de cerrar la puerta le pareció escuchar una gotera. “Imposible acabo de cambiar el grifo”, pensó y muy tranquilo se marchó, sin tener que dar tres vueltas más, porque aunque un misterio significaba, sabía que las almas de aquel lugar, su protección le daban y ya solo no estaba.
Al quedar solos, los corotos de la cocina, de la salita-habitación y los del baño, incluyendo al valeroso grifo, eligieron unánimemente al nuevo delegado: el antiguo y sabio sofá.
– Al final de cuentas -despejó la calculadora- es en momentos de angustia y desesperación que ya nadie se cree ni menos, ni más; que se borraban las divisiones y se multiplican las alianzas, porque simplemente restamos importancia al individualista y nos sumamos a un denominador común.

Luego de unos minutos de celebración, todo quedó en silencio nuevamente. Entonces, desde el baño sonó “tick… tick… tick…” y al rato “tack… tack… tack…”. La poceta burbujeó en su tanque, como suspirando ante lo que sabía estaba a punto de volver a comenzar.

FIN

Fin alternativo:
XI

“Tick… tick… tick…”, seguía escuchando el hombre entre el mundo onírico y el umbral del despertar.
“Tick…Tick… tick…”, “¡suficiente!”, pensó. Se levantó a regañadientes por la molestia del insistente sonido, aunque había querido darse unos minutos más para dormitar. Arrastró los pies con sus pantuflas de descanso hasta la sala de baño y cerró el grifo, que seguramente había quedado un poco abierto desde la noche anterior, causando una gotera que entró en el subconsciente del adormecido inquilino.

Luego de su ritual mañanero y su taza de café, volvió a ver su apartamento antes de salir, sabía que algo había soñado, durante esos minutos que durmió de más, pero ya lo había olvidado. “Definitivamente ya es tiempo de buscarme una nueva relación”, concluyó. Sin embargo, antes de marcharse sonrió y encomendó todos sus corotos a las almas benditas, aunque en el fondo, lo hiciese más por costumbre que por la fe.

Aclaratorias, términos y expresiones populares empleados

(4) La campana que se menciona hace referencia a un aparato en forma de embudo o chimenea que va sobre la estufa, que absorbe o aspira el humo que se produce al cocinar.

 Por Quintín Rodríguez T.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s