Corotos (micronovela – 2)

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IV

Eran las 7:30 a.m. y el sol penetraba escasamente hacia la salita-dormitorio del apartamento tipo estudio, a través de las hendiduras del gran ventanal, que como siempre cerraba antes de salir el único inquilino de aquel pequeño pero acogedor lugar.
Habían pasado algunos minutos desde su partida, cuando entre tanta soledad comenzó a escucharse una gotera, proveniente del grifo del baño; el sonido era constante, pausado y persistente, “tick… tick… tick…”, luego se detenía y al rato proseguía.
Lo extraño vino después, cuando la regadera también comenzó a gotear, pero a un ritmo un poco más continuo, “tack… tack… tack…”, casi parecía que le estaba respondiendo. Así prosiguió la “conversación” por unos minutos, “tick, tick, tick” desde el lavamanos y luego “tack, tack, tack” se escuchaba en la ducha.
El ritmo se iba acelerando y a la poceta comenzó a olerle mal lo que sospechaba estaba a punto de suceder.

Impaciente, la regadera aumentó su flujo de agua, como advirtiendo al insistente grifo que detuviera la travesura, salpicando gotas que humedecieron todo alrededor. “La gota que faltaba”, pensó la poceta blanca y soltó bruscamente el flotante de su tanque, liberando el agua, para así acallar aquella tonta disputa.

El pequeño incidente fue escuchado en todo el lugar, y desde la sala la lámpara de techo encendió y apagó su luz, parpadeaba hilarante ante el bochornoso episodio. Era un aparato con tecnología de última generación, por lo que creía que no habían aparatos de su nivel; además, siempre consideró a los del baño simples corotos; es decir, socialmente inferiores.

V

Sin poner mucha más atención al asunto, los singulares habitantes del apartamento se dispusieron a reiniciar la asamblea del día anterior. El tema a tratar: elegir a un delegado que se encargara de los asuntos caseros.
La ventana se abrió de par en par a las propuestas y dejó entrar nuevos aires al encuentro, al tiempo que el microondas preparaba las cotufas y la lavadora se activó en un ciclo de debate. Pero fue la televisión plana de 32 pulgadas la que sintonizó la discusión postulando a la cama, que prometía cumplir el sueño de todos; y las cobijas, que abrigaban esperanzas de que así fuera, secundaron la postulación.

La nevera trataba de mantener una actitud fría, pues era la candidata por parte de los miembros de la cocina. Prometía mantener siempre frescas las ideas.
Sin embargo, todos sabían que los de la cocina tenían pocas posibilidades de ganar. La licuadora fue una vez delegada, pero tenía la mala costumbre de mezclar todo los asuntos; cuando le tocó al horno comúnmente terminaba poniendo la torta (1), y ni hablar de la cocinita de corriente, a la que todos evitaban, porque se la pasaba siempre en una actitud muy eléctrica (2).
Por su parte, la lamparita roja de la mesa de noche, que soñaba ser una lámpara de techo cuando fuera grande, postuló a su colega más moderno, pero el reloj despertador, que estaba junto a ella, puntualizó su oposición. Realmente la lamparita y el despertador no se caían muy bien, evidentemente tenían un “cable pela’o”(3).

VI

No parecía que se pudiesen entender. Tanto fue el alboroto, que la computadora y otros aparatos decidieron desconectarse del asunto.
Por su parte, la lavadora trató de suavizar la situación, mientras que su morocha, la secadora, quería detener la confrontación en seco.
Desde el estante, la cámara para fotos pedía que no perdieran el enfoque y vieran la panorámica del problema, pues era la quincuagésima vez que terminaban todos en riña y lo recordaba claríto, porque tenía una memoria fotográfica impresionante.

Fue entonces cuando intervino el viejo sofá de las frazadas coloridas. Todos hicieron silencio, pues daban por sentado su liderazgo; en fin, a todos les “sentaba cómodo” que las decisiones reposaran en su respaldo.
Como normalmente sucedía, con la participación de aquel antiguo mueble la situación se calmó, pero al ver la admiración de todos hacia el viejo sofá, la moderna lámpara de techo sintió envidia y decidió dejar las cosas los más claras posibles. Aumentó al máximo su voltaje de luz para mostrar que era un candidato con ideas brillantes, una lumbrera, como se solía decir.

Resultó. En el clóset todos quedaron completamente enganchados y hasta la nevera se congeló de la impresión.
Cuando nada parecía poder estar más claro… ¡Puf! Un cortocircuito proveniente de una sobre carga en la lámpara nueva oscureció todo, dejando en evidencia el porqué fue comprada en artículos de rebaja.
Todos los corotos quedaron inertes.

VII

Lo peor vino después, cuando las chispas siguieron saliendo de la lámpara, ahora venida a menos, y una de éstas calló en la alfombrita de la sala, la cual tomó candela de inmediato y comenzó a producir humo. El televisor y el aparato de blu-ray, veían todo desde el rincón del cuarto y lo peor es que lo podían ver en alta definición.
Pero fueron los libros en la biblioteca los que se quedaron sin palabras, ante un posible incendio que sería difícil de contener, en el que los libros, por su material, seguramente jugarían un difícil papel.
La biblia comenzó a rezar y la calculadora a calcular, que por su cercanía a la alfombra el primero en consumirse sería el antiguo sofá.
La lamparita y el reloj despertador se tomaron de los cables. La laptop se reinició del susto y el teléfono fijo, que se la pasaba ejercitándose para mantenerse en línea, intentó llamar a emergencia, pero nadie atendió.

Fue en ese momento de extrema angustia, cuando el silencio se apoderó nuevamente del apartamento, ahora lleno de humo.

(próxima entrega, parte final)

Aclaratorias, términos y expresiones populares empleados:
(1) Se entiende con la expresión “poner la torta”, cometer un error.
(2) “Estar eléctrico”, es cuando la persona es exageradamente enérgica para todo lo que hace, lo quiere todo en el mismo momento que lo pide, va de acá para allá, a veces sin ser considerado con los demás.
(3) Tener un “Cable pelado”, es tener un asunto inconcluso o no evidente con algo o alguien; se usa coloquialmente cuando alguien gusta de alguien o por el contrario, cuando alguien tiene algún inconveniente con otra persona.

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