Mientras tanto, escribo

Es en los momentos que te agreden cuando quieres perder la fe y pensar que los seres humanos son deshonestos y buscan el mal ajeno en provecho de su propio beneficio; que las personas son “malvadas” y merecen un castigo, con el cual la vida les cobre el mal que te están causando.

Pero no es así, o eso me digo y me quiero creer.

Las personas -nuestra raza- sí tienen el potencial de hacer daño a otras y la capacidad de actuar de manera nociva, pero eso no nos convierte en seres perversos, al contrario, debemos darnos cuenta que a pesar de poseer esta “naturaleza” existen en la Tierra muchas más personas que viven tratando de hacer las cosas de manera correcta, que aquellas que actúan conscientemente para hacer daño.

Lo que pasa, según mi punto de vista, es que hacen más ruido en el mundo las personas destructivas, precisamente por la destrucción y daño que pueden ocasionar.

Sin embargo, eso no quita mérito al esfuerzo que realiza la mayoría por no caer en tentaciones fáciles, en lograr cubrir sus necesidades sin que signifique perjudicar a otras personas, que son capaces de decir no, cuando le piden hacer cosas incorrectas o en contra de sus principios, aunque les ofrezca buenas recompensas, pagos o estatus.

Sé que este es un tema de mayor debate y de análisis filosófico, psicológico, teológico, sociológico, y un sin número de ciencias sociales más, mucho más profundo que lo que yo pudiera discernir en unos cuantos párrafos, pero necesitaba desahogarme, de la manera que más me sienta cómoda: escribiendo.

Por eso escribo, escribo para recordarme a mí mismo, y para quien le pueda interesar la reflexión, que el tiempo es perfecto, la mentira siempre se diluye y el daño que hacemos a los demás no es más que un bumerang que termina en el punto de partida, aunque no seamos nosotros quienes lo veamos retornar a su remitente.

Debemos recordar -yo debo- que sólo en los tiempo de desesperanza se puede hacer realmente evidente la fe, porque es cuando se pone a prueba, así como sólo en lugares con oscuridad puede reconocerse claramente la luz.

Claro, en el momento que se vive la situación que te afecta es difícil ver esto que sugiero, porque siempre la cercanía evita la perspectiva. Por eso recomiendo, me recomiendo, recordar que en este momento de dificultad la distancia se hace necesaria y la paciencia imprescindible. Yo, por mi parte, escribo.

claroscuro

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