Perder(se) es ganar(se)

No tener nada que perder es sin duda alguna la mejor oportunidad para ganar, así como cuando se te acaba el agua del vaso y tus elecciones se reducen a tirarlo o llenarlo nuevamente.
Amigo mío, amiga mía, si para ti, así como para mí, no es una opción quedarse sin el vaso, entonces hay una buena noticia, cuando se ve el fondo es el mejor momento para pensar en cómo recargarlo y con qué.
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Te invito a no ver tu pérdida, sea cual sea, como una derrota, sino como una oportunidad; al final, tarde o temprano, no te quedará otro camino que afrontar la situación, así que si debes hacerlo, por qué no con la mejor disposición .
Es en ese momento cuando la reflexión debe imperar. El quién soy y hacia dónde voy deben ocupar tu pensar; porque detente a analizar ¿Cuándo vas a ser más “realmente tú”, que cuando ya no tienes bienes materiales que adornen tu ego o relaciones que condicionen tu proceder?
Si lo piensas bien, puede llegar a ser muy emocionante, una aventura si se quiere, porque es la oportunidad para reinventarte, para ser ese alguien que siempre has querido ser y nunca antes habías podido, o quizá la expresión correcta es ese alguien que nunca te habías atrevido.
Lo digo porque comúnmente ese “no poder” está estrechamente relacionado con el temor a perder, lo que deja de preocuparte cuando termina por suceder. Entonces, date cuenta, si ya lo has perdido todo, lo que realmente terminas ganando es múltiples posibilidades para ser.

Poder perder o perder poder

Ese perder puede referirse a cosas materiales, tal vez a lazos emocionales y/o de dependencia, también podría ser seguridad (o la sensación de tenerla) o algo considerado como valioso por muchos y como indispensable para otros más: el poder.
A veces la gente dice en tono derrotista cuando tiene una gran pérdida “lo peor es que ahora debo empezar de cero”, y resulta que como mínimo, de lo vivido y perdido te queda la experiencia, así que siempre tendrás, por lo menos, mayor madurez y además, como verás, quizás no es “lo peor”, sino lo mejor que te pudo haber sucedido.
Podrás decir “claro, lo dices fácil porque a ti no te ha pasado”, y yo podría responder: sí, sí he perdido todo (por lo menos lo que para mí en determinado momento significaba eso) y no sólo una vez. Pero además, así como cuando alguien se está ahogando, para ayudar a quien siente haber perdido todo, debe hacerlo alguien que no se encuentre en la misma situación.
En conclusión, déjate de cuentos, de hacerte la víctima. La vida te puede quitar todo, incluso la vida misma, pero hay algo que sólo tú puedes quitarte: la fe en ti mismo.
Por más que te sientas aislado, que ya no tienes aquello o aquellos que te llenaban, y que simplemente creas que no tengas nada, recuerda que nunca empezarás de cero y que nunca se está realmente solo.

Sólo solo

Aclarado esto, llega el momento de dejar ir, activar el control de daños para lo perdido, hacer un inventario de lo vivido, para llegar hasta el ineludible “mirar hacia adelante” y su consiguiente “dar el primer paso”.
Para esto no hay fórmula, porque cada camino es distinto, por lo tanto también la manera de recorrerlo. No es lo mismo una senda de piedras que una calle en una ciudad cualquiera; por lo cual nadie puede recorrerlo por ti, ni decirte a ciencia cierta cómo atravesarlo, ni a qué velocidad. No cargues con prejuicios ni con miedos ajenos. Nunca prestes atención al “no podrás hacerlo, porque yo no pude”.
Por esa misma razón yo tampoco puedo decirte qué hacer; ni siquiera sé cómo será mi propio camino y mucho menos cómo terminaré recorriéndolo.

Pero bueno, si eres de quienes necesitan sentir que le dan una orientación tipo autoayuda, de esas que pretenden ser una fórmula generalizada, o símplemente para divertirte aquí te dejo algunas #PremisasInnecesarias que inequívocamente -o quizás no- te harán alcanzar tus metas:

– Nada de vicios y nada de prejuicios.
– Entre dar por hecho y ponerle el pecho hay un largo trecho.
– No estar siempre donde se te dispone, y menos haciendo todo lo que se supone.
– Al tocar el fondo sólo hay que pisar más hondo.
– Si paz es lo que quieres, controlar tu mente es todo lo que requieres.
– A veces más que hacer, se necesita deshacer.
– Si temes fracasar, terminarás fracasando por temor.

-Hágase el tonto, pero no tanto.

-Que la vida siga y diga.

Recuerda que tú eres tu mayor capital y mejor inversión. Ahora ve y recarga tu vaso.

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