Igualdad, tolerancia y juegos de mesa

No son las similitudes, sino las diferencias entre nosotros las que nos hacen tan iguales los unos a los otros. Sin embargo, tenemos esa continua inclinación de creer que somos únicos, y por eso trabajamos nuestra imagen en función de que no quede lugar a dudas, recurriendo cada vez en mayor medida a técnicas, terapias, adornos, accesorios y todo aquello que permita diferenciarnos de los demás, con lo cual, en mi opinión, lo único que terminamos consiguiendo, sin siquiera darnos cuenta, es formar parte de una uniformidad dispareja, en la que el denominador común es buscar por todos los medios no sentirnos parte de ese mismo “común”.

 Cada nuevo elemento que incorporamos a nuestra imagen corporal, cada “arreglo” o simple cambio que le damos a nuestra apariencia solo busca hacernos parecer a aquello que queremos proyectar, en algunos casos, o a aquello a lo que quieren los demás que nos parezcamos, en otros, e incluso ambos casos, depende de la situación y el contexto.

 Casi les escucho decir “yo soy así, me visto y luzca como me siento cómodo o cómoda”, y la verdad no creo necesario debatirlo, a mí tampoco me gustan las generalizaciones. Cada quien como es, dice Franco De Vita en una de sus inmortales canciones.

 En todo caso, no estoy formulando una crítica, sino todo lo contrario, respeto las diferencias y esa búsqueda de individualidad, el inconformismo e incluso a quienes no se atreven y desean ser como le indican los estándares.

 De lo que escribo, es de mi profundo asombro de cómo tratamos de evitar reconocernos en el otro, y buscamos dibujar líneas a través de prejuicios, de moralidades aprendidas, partidismo pseudoreligiosos, cultos adquiridos y nacionalidades inyectadas.

 Un ser humano, es un ser humano; un ser vivo cuyo mayor regalo y condena es la existencia, con las necesidades fisiológicas, emocionales y psicológicas que implica. No me refiero a que no tengamos una individualidad, sino a que ésta, lejos de separarnos de los otros, nos hace conmovedoramente iguales, solo debemos ajustar la visión y lo veremos, claro, esto en el caso de que quisiéramos hacerlo.

Pero por el contrario, adjetivisamos a todos y a todo, es decir, colocamos etiquetas que establezcan, sin lugar a dudas, que tú eres tú, único, especial e irrepetible, muy diferente a cualquier otro, lo que resulta una creencia ingenua, a mi modo de ver.

 No nos damos cuenta que la humanidad es como un rompecabezas que se va completando continuamente con cada uno de nosotros, que somos sus piezas; por supuesto ninguna luce igual a otra, es necesario para que formen la imagen general. Cambia su forma, su color, la figura que tiene estampada. Quizás algunas serán más coloridas que otras; seguramente encontraremos algunas con formas más originales, así como también tal vez encontremos alguna que esté rayada o con alguna mancha por el uso.

 ¿Pero se imaginan lo ridículo que sería que decidiéramos desechar aquellas piezas que no nos gusten? A quién le interesa un rompecabezas incompleto, guardar sólo los fragmentos llamativos, por más coloridos que estos sean. No, se requieren de todas para formar la figura.

 Entonces entiendes que están hechas del mismo material, si las metes en agua pasa lo mismo con todas, se dañan. Todas necesitan de todas para que el sistema funcione, como nosotros, los seres humanos.

Solo que al igual que una pieza del rompecabezas, aunque sea las más hermosa, le es imposible ver la figura completa a la que pertenece, porque forma parte de un todo.

 Dicho esto, mi señalamiento se refiere a la tolerancia, al respeto por el otro, lo que no tiene que significar entenderlo, pero sí aceptarlo. Dios diseñó el rompecabezas al que pertenecemos, y dado que siembre  ha demostrado gran profesionalismo en eso de crear cosas, deberíamos confiar en su juicio, aunque no podamos ver o entender el diseño que creó para nosotros. Recuerda, cada pieza es imprescindible y aunque creas que alguien es muy diferente a ti, no es más ni menos que tu complemento.

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4 pensamientos en “Igualdad, tolerancia y juegos de mesa

  1. tan cierto es que a veces dudo del porque llego alguien a mi vida que me ha hecho mas daño que bien… y la respuesta contundente es… Sin el yo no tendría a mis grandes amores… sin ese ciudadano no tendría a mis hijos adorados… así que aunque no sea la mejor pieza del rompecabezas, si resulta muy necesaria para la construcción del Todo que es la Vida…
    Un abrazote Tino…

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