Gerenciando los momentos: Carpe diem y otros aforismos

(Un ejercicio de libre pensamiento)

En alguna parte leí que los romanos delimitaban en un minuto 30 segundos el espacio de tiempo que según ellos dura un “momento”, lo que a mi parecer resulta algo pretencioso y hasta incoherente, porque quién podría a “ciencia cierta” medir cuánto dura una escena de tu propia historia o un recuerdo y su efecto sobre nuestras vidas; sabiendo que los hay efímeros —de esos que se te van en un suspiro— como los hay eternos, cuyas huellas nos acompañarán durante todo nuestro camino.

Los momentos per se, no son lo realmente significativo, son tan solo el formato con el cual “deshilachamos” nuestra existencia en pequeños fragmentos secuenciales, en busca de darle coherencia y cohesión. Son el “mínimo común múltiplo” con el que logramos dar sentido a lo que somos, con los cuales nos explicamos, nos comprendemos y justificamos.

“La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento”, Hitch.

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 Aquellos momentos que ya pasaron, transformados en memorias, no deben ser olvidados, como me dijo un buen amigo, sino adoptados, pues construyen lo que somos a base de las experiencias que de ellos obtenemos. Sin embargo, dejarlos atrás se hace necesario, y no de ellos sujetarnos, porque como todo en exceso, se convierten en nocivos y si por placer te aferras se transforman en adictivos.

Los momentos del futuro son más engañosos, porque en realidad aún no son momentos, sino esperanzas y metas, una visión etérea y multiforme cuya crisálida quizás nunca llegue a feliz gestación. Si no entendemos esto, podríamos durar años persiguiendo o temiendo a situaciones y realidades que tal vez nunca serán.

No se trata de no definir metas, sino de no vivir a través de ellas. Es saber trabajar en función de un propósito, sin ser esclavos de lo aún no ocurrido, de lo presuntamente próximo; sin sacrificar el más valioso de todos los momentos de los que en este artículo —y en cualquier otro— se puedan mencionar: el momento presente.

Eckhart Tolle, en su best seller “El Poder del Ahora”, lo expresó así: “¿Has experimentado, hecho, pensado o sentido algo fuera del momento presente? ¿Piensas que lo harás alguna vez? (…) Lo que piensas que es el pasado es un registro almacenado en la mente de un ahora anterior (…) el futuro es un ahora imaginado, una proyección de la mente. (…) Es evidente que pasado y futuro no tienen realidad propia”.

Conocido también como el ahora, a secas, es el momento con el cual a cada segundo bailamos, con el cual negociamos e incluso “regateamos”; en el que realmente podemos detenernos y a través del cual andamos. Imposible es evitarlo y necesario es aceptarlo, para poder verlo, para entenderlo, pues quizás de él seamos dueños, sí, pero también somos sus esclavos.

Y es que sólo en el momento presente, somos.

Se habla mucho de la gestión del tiempo, pero nunca así de los momentos, del uso asertivo de las experiencias y de la administración eficaz de las dolencias. De cómo ponderar los resultados y proyectar lo inesperado.

“El secreto de permanecer siempre vigente es comenzar a cada momento”, Agatha Christie

Por eso, podríamos decir que es la percepción que de cada uno de ellos tengamos y la actitud que por ello adoptemos, lo que puede significarnos hacer lo que soñamos o ser aquella persona que queramos. Tomar aquellos que al dolernos nos fortalecen, si sabemos aprehenderlos; los que en la nostalgia nos arropa, pero nos validan, los que de felicidad nos llenan y los que en el engaño del orgullo envolvernos quieren.

Son el antes y después que va constantemente yendo y viniendo o simplemente transcurriendo, en la realidad de plano físico o tan solo en los recuerdos. La calidad de sus contenidos y los efectos que de ellos obtengamos, definirá sin duda si podremos alcanzar un estado de tranquilidad y paz, de cierto grado de plenitud y sosiego, por decir menos, y no sé, quizás hasta logremos darnos cuenta, que alcanzamos un nivel de algo así como una porción razonable de felicidad, que no es otra cosa que otro más de esos maravillosos momentos.

Algunos tips para gerenciar los momentos de manera eficiente

(Recuerden, dije gerenciar momentos, no el tiempo)

1)      Administración eficaz de la atención: en qué porcentaje debemos dedicar concentración al momento presente, por sobre cualquier otra cosa.
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2)      Darle el mejor uso a nuestros momentos: ¿Qué uso les das tú?

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3)      Comprar una agenda, cámara o un teléfono inteligente para dejar registrados los momentos que desees, y además planificar los futuros, para luego hacerlos a un lado y vivir lo que actualmente estés viviendo.

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