Bailando tango: Stakeholders y el enamoramiento continuo

Aunque cada vez más empresas ven a sus departamentos de comunicaciones corporativas como la herramienta mágica para lograr el clima organizacional deseado, quienes allí hemos trabajado sabemos que la responsabilidad de la comunicación interna termina siendo de todos los actores que integran a la organización.

Esto se debe a que todo comunica y causa un impacto directo o indirecto en nuestros públicos; es decir, cada trabajadora, cada trabajador, distribuidor, proveedor, cliente, y todo aquel con relación a la empresa y/o sus actividades, comerciales o institucionales.

Los aspectos más intrínsecos del individuo, como sus experiencias, educación, sus convicciones, sus prejuicios, entre otros, se ven reflejados en la estructura de la organización donde se desenvuelven; es verdad, pero igual, la cultura y el clima de la empresa le impactarán a él.

Es algo así como un “efecto mariposa” de continua reciprocidad, lo que incluso hace aún más difícil el querer realizar una segmentación de target de manera eficiente, ante una campaña interna motivacional, por ejemplo, si es que podemos hablar en esos términos.

Por eso, se hace imprescindible que cualquier mensaje que se desee impulsar, esté diseñado de una manera poligonal, abierta, maleable, susceptible de ser consumido por cualquiera de los stakeholders desde su individualidad y su relación con el medio. Debe ser un mensaje “desde y para” ese “mercado interno”, moldeable a sus reacciones y capaz de reinventarse, nunca a la exclusiva merced de un comunicólogo con una lámina de cargo en la puerta.

Sin embargo, he aquí otra de las tareas implícitas de los especialistas en comunicación: hacer partícipe a los trabajadores a pesar de su tendencia natural a rechazar todo aquello que le sea desconocido, a su competitividad, su individualidad y cualquier característica humana que simplemente lo haga tendente a aislarse de la dinámica organizacional y, en algunas oportunidades, a rechazarla.

Es aquí cuando entra un proceso de enamoramiento, de negociación, de seducción, algo parecido a los pasos del tango, algunos suaves, otros algo más agresivos, para lograr al final que todos bailen al son que necesitamos que suene la orquesta. Y es que para bien o para mal, los encargados de las comunicaciones dependemos de nuestros públicos y su entorno, incluso es uno de nuestros insumos, de nuestra materia prima, nuestros jefes y clientes.

La comunicación interna es tarea de todos y por eso, aunque muchos de esos actores ni siquiera entenderán esto, seguramente tendrán algo que decir al respecto de todo lo que ocurre en su empresa y eso, lejos de ser perjudicial, es natural, es humano y por ende, aprovechable comunicacionalmente, pero hay que ser receptivo y con disposición a la integración creativa y decisoria.

Recordemos que el primer paso para enamorar, es saber escuchar y luego, claro, salir a bailar.
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