Contemplación

Capté a este hombre de cabellos blancos, mirando con la vista perdida hacia un panorama aparentemente carente de significado, entonces entendí —o así lo quise creer— que él no observaba su exterior, sino su interior.

Una suerte de retrospectiva que seguramente lo llevaba a lugares oníricos, sumergidos entre el recuerdo de lo vivido y la fantasía de aquellas memorias que robó de otros sin querer, sin darse cuenta de su propio engaño.

No pude entonces evitar pensar que a esto se reduce todo, a esto llegamos todos, con la única diferencia de que algunos, al hacer esa contemplación interior sonreirán por la riqueza de sus momentos y el dulce sabor de cada recuerdo, mientras que otros se entristecerán por la amargura del tiempo perdido y de las decisiones no tomadas.

Solo quise compartir este pensamiento: no hay tiempo que perder para vivir, para perdonar, para equivocarse, para enmendar, para perder, para ganar, para dar, para recibir, para temer, para pelear, para amar, para dejar ir y para buscar; porque llegado el momento, cuando también tengamos los cabellos blancos y nos encontremos con la mirada perdida, contemplándonos a nosotros mismos y a nuestras vidas, solo sabremos que realmente la hemos vivido, si al final de todo, simplemente sonreímos.

Quintin Rodriguez T.
Twitter/Instagram/Pinterest: @5to2do

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